BLOGGER TEMPLATES AND TWITTER BACKGROUNDS »

miércoles 31 de agosto de 2011

Peculiar

Me transformé en un cuervo sin alas ni ojos fúnebres, en una gárgola sin quietud, en un mal cliché, una poesía barata y con versos sin sentidos.
Un vicio de la sociedad, una vil célula sin aporte considerable, me volví la marca de un animal en el matadero, un número destinado a la soledad que se niega a morir.
Mi peor temor.
Cumplí con cortesía y gozo el deseo del astronauta en mi mente y aterricé directo en la cruz para observar a todos asintiendo con aprobación.
Me torné gris tan rápidamente que no me di cuenta cuando me formé en las filas de la gente que era puntos suspensivos en una mala narración.
Y ya no tenía vuelta atrás, lo más probable es que éste sea el último vestigio de mi voluntad ácrata, me había internado en este laberinto de tercera sin final, y en cada paso más sinsentido se volvía mi pasada lucha por mantenerme impune.

martes 29 de marzo de 2011

Vida pretérita

Experimenté el deseo de querer alejarme de mi pasado, rasgarlo de mi cuerpo y tratar de seguir tranquilamente, ocultando mis jadeos por el dolor.
Olvidar el rencor, la melancolía y el cariño que ocultaba entre mis pestañas.

Empezar de nuevo sin el miedo que algo me trajera viejos fantasmas, sin ese peligro latente de caer en viejos vicios.
Ser alguien nuevo, sin cicatrices adornando mi corazón.
Olvidar, olvidarlos, olvidarte.

Dormir tranquilamente, sin la vergüenza velando mis sueños entre las sombras con su sonrisilla irónica y mis secretos floreciendo en sus labios.

Sentir la inocencia abrazándome con premura.

¡Pasado castigo autoimpuesto por mi alma enferma!
Responde hijo maldito de la humanidad y dime ¿cómo abandonarte sin perderme en el proceso?

miércoles 22 de diciembre de 2010

Saña

Inexplicablemente “algo” desgarró mi pecho, como una garra furiosa atravesando mi piel, no alcancé a formular nada, un golpe limpio que dejó mi cuerpo a carne viva, expuesta al ardor de la realidad, degusté el sabor a sangre, sin horror, fue la panacea más dulce que me regaló el destino el inicio del odio más profundo que provocó tu insidia.
Mi grito silencioso de guerra.
Y mientras yacía en el suelo, la cobardía me invitó a crear estrategias mis puños se prepararon para golpear tu rostro de adonis, observé tu espalda y te imagine llenó de mis dagas envenenadas, rebosando asombro al atragantarte con las palabras que nunca nos dijimos pero que siempre estuvieron presente.
Clavar mis uñas en tu pecho para que sientas una agonía símil,
Estaba conciente que todas mis ideas yacían desnudas en el brilló colérico de mis ojos pero no importaba no te ibas a voltear, me habías subestimado, creías haber ganado, no te extrañó mi respiración muda, te habías quedado con la visión de mi cuerpo derrotado, de mi cabello rojo por mi sangre pegado a mi frente y mi mueca vencida.
Con satisfacción supe que aún existía la pequeña esperanza de ganar.
Tu confianza: tu perdición.

Esta vez yo no sería la que caería, la venganza en mi razón no lo permitiría, el juego continuaba, todavía nos deseábamos, y de mí ya no emanaba nada más.

lunes 6 de diciembre de 2010

Ulterior

Fue demasiado tarde cuando me enteré de que ya no poseía el tiempo para poder despedirme de mi propia vida.
Mi sonrisa se quebró y cayó al suelo, provocó un sonido que estremeció el lugar, me ahogué con el llanto y cuánto más me quería aferrar a la placida existencia que había tenido el gusto de disfrutar, me la arrebataban con más fuerza, mis manos cayeron a un lado como piezas de un fantoche roídas por los años.
Mi pecho se oprimió obligándome a no respirar, pero aunque me ardía la piel como si estuviese en el interior del infierno, grité, grité tan fuerte que mis tímpanos zumbaron adoloridos y mi alma cayó rendida a mis pies.
Las lágrimas manchaban mis labios con sal.
En algún momento perdí el discernimiento y no pude identificar el mismo lugar en el que muchas veces me había sentido segura, el sitio que conocía tan bien y me conocía tan bien.
Cuando la lucidez retornó y me ayudó a recuperar mi postura, ya nada era igual, todo el significado que hasta el momento conocía y manejaba con destreza, se había apagado.
Y ahora una diáfana luz comenzó a atizar.
El terror congelo mi mueca, y el pensamiento de que la soledad vendría a hacerme compañía me atravesó, pero esta no llegó nunca.
Traté de calmarme y miré al futuro con desconfianza, me había llegado la funesta hora de comenzar de nuevo pero sin poder jactarme de ser inexperta en el juego, las segundas oportunidades ya me habían abandonado y ahora tenía que fingir ser audaz; de ese día mis decisiones pesarían en mi futuro y cobrarían sangre.

jueves 12 de agosto de 2010

La Bestia confundida

Entre la soledad abrí mis ojos sacudí mis alas rotas y jugué con el silencio.
Ya no era la ironía mi diversión ni las risotadas puras de incógnitas.
Mi corazón había dejado de latir y con dilación había degustado mi alma resquebrajada.
No sabía que pensar ni que decir, me había convertido más en humano que en bestia.
Y aunque me encontraba seguro en ese lugar, quería irme; buscar verdad y encontrar mentiras, quería correr y no volar, quería querer y sentir odio.
¿Por qué? Me preguntaba, si la seguridad me cobijaba en sus brazos y la soledad me susurraba historias.
¿Por qué querer sentir alevosía, dolor, alegría?
Pero mi sangre apenas cálida me respondía con voz ahogada, abría mas mis ojos tratando de aceptar, que necesitaba lo mismo que me había enviado hasta ese lugar recóndito.
Quería volver a saborear el pecado y sus consecuencias.
Quería ser más humano… para volver a escuchar el revoloteo cansado de mi corazón.

jueves 11 de marzo de 2010

Quieta

Me quedé allí, mirando con incredulidad sus ojos inyectados de rabia y sus labios en una fina línea, con un mutismo que no podía creer, me fijé en su cabello castaño, tapándole graciosamente la frente y sus cejas fruncidas.
Deseé no llorar, pero no pude evitar que mis ojos se humedecieran, los segundos perezosos parecían horas y yo me mantenía ahí.
Él tampoco se movía mientras su respiración se regularizaba, su arrebato se iba del agitado ambiente, dejando al remordimiento en su lugar, se avergonzó de su reacción, sonreí triste, por su ademán infantil de llevar su mano hasta su cabeza.
El corazón se me despedazó con una quejumbrosa agonía.
Se disculpó de esas palabras hirientes, apeló a lo que tenemos, se excusó con algo tonto, me miró, abrazó y dijo palabras suplicantes.
Seguí sin moverme, disfrutando de su tibio contacto y aspiré con parsimonia su delicioso olor.
No respondí a sus llamados, no le di su ansiada respuesta.
Basta. Fue lo único que alteró mis apacibles labios, gocé con su expresión de asombro, pero aunque quería seguir allí quieta mirando insaciable sus reacciones, ya era suficiente, había forzado mucho mi fuerza de voluntad.
Era momento de despedirme para siempre, yo no podía ser su muñeca de desquite o un juego para pasar el tiempo.
El no era mi fin, era un intermediario y era tiempo de regresar a mi vida.
Me había quedado a su lado quieta, para impregnarme del recuerdo de nuestra ruptura y evitar regresar.

Lo deje sólo y caminé lejos sin mirar atrás aún sintiendo el dolor quemándome, pero con mi orgullo de compañía.

domingo 21 de febrero de 2010

Fortuito

Ahogué un grito asombrada, atisbé en un último momento la muerte. Un destello glorioso acompañado de una suave presión en mis labios me despertó mil emociones: mi respiración se cortó, mi corazón excitado comenzó a latir, en mi estomago sentí un hormigueo extraño; mis pupilas se dilataron habituándose al lozano sentimiento. Aún anonada y sin saber que hacer, saboreé sus labios: era algo efímero pero con el delirante sabor a eternidad, algo único que sabía nunca más tendría la oportunidad de sentir, un amante momentáneamente enamorado regalándome su ultimo suspiro, su esencia se selló con fuego en mi alma, dejándome con el recuerdo y la certeza de la existencia de una pasión inocente.
Cuando la realidad de su fin coronó mi cabeza suspiré y toqué mis labios.
Sentí el último beso de una estrella fugaz.